La Franja de Gaza se ha hundido en una oscuridad casi total, no por el fragor de la batalla, sino por un "asedio completo" que ha pulverizado su red eléctrica. Esta crisis, que paraliza cada aspecto de la vida, es el resultado directo del corte de suministro y el bloqueo de combustible, llevando al cierre de su única central el 11 de octubre de 2023. Para Abdel Karim Salman, exingeniero, la luz es ahora una lucha diaria y costosa.
El Costo de la Oscuridad: Una Lucha Diaria por la Luz
Desplazado en Deir el-Balah, Abdel Karim, su esposa y sus dos hijos pequeños, junto a una treintena de familiares, sobreviven en una tienda de campaña. Su hogar fue destruido el 9 de octubre de 2023. La búsqueda de luz se reduce a cargar teléfonos móviles dos veces al día, un peregrinaje de 150 a 200 metros que cuesta entre dos y cuatro séqueles por sesión. Este gasto, de 270 a 300 séqueles mensuales (86 a 95 dólares), es una sangría insostenible para una familia sin ingresos. Los teléfonos, con sus linternas, son la única defensa contra el miedo de los niños a la oscuridad. Pero la ausencia de electricidad va más allá: impide refrigerar alimentos, lavar ropa o almacenar leche para bebés, socavando la salud y el bienestar. La falta de pantallas o televisores también roba a los niños cualquier distracción, sumiéndolos en un entorno sombrío y desolador. Es, en palabras de Abdel Karim, una "forma de sufrimiento silenciosa" que rara vez encuentra eco.
Alternativas Inalcanzables: El Lujo de la Energía en un Territorio Sitiado
Las alternativas energéticas son un espejismo inalcanzable. Lámparas solares, antaño una opción modesta, han multiplicado su precio por diez, alcanzando los 300 séqueles (95 dólares). Los sistemas solares completos, con paneles a 420 dólares y baterías de hasta 1.200 dólares, son una quimera. La escasez de estos artículos se ve agravada por las severas restricciones israelíes a su entrada en Gaza desde el inicio de la guerra. Los generadores privados, dependientes del diésel, son igualmente inasequibles para la mayoría y su servicio es errático debido a la interrupción del suministro de combustible. Esta realidad condena a la vasta mayoría de los gazatíes a la misma precariedad que Abdel Karim, una existencia marcada por la privación constante.
Raíces Profundas: De la Precariedad Crónica al Colapso Total
La actual crisis no es un fenómeno aislado, sino la culminación de un asedio energético con profundas raíces históricas. Incluso antes del 7 de octubre de 2023, Gaza padecía apagones diarios, resultado de las limitadas importaciones de energía desde Israel y la escasez crónica de combustible. A pesar de la retirada de sus asentamientos en 2005, Israel mantuvo un control férreo sobre el acceso a la Franja, garantizando que la mayoría de los hogares recibieran solo unas pocas horas de electricidad al día. Sin embargo, la situación se precipitó drásticamente cuando Israel declaró un "asedio completo" tras los ataques de Hamás, cortando el suministro eléctrico y bloqueando las importaciones de combustible. En cuestión de días, la infraestructura energética colapsó por completo, dejando a hogares, hospitales, sistemas de agua y redes de comunicación sin acceso fiable a la energía, forzándolos a depender de generadores limitados e insostenibles.
La Oscuridad como Herramienta: Una Estrategia de Castigo Coercitivo
Este asedio energético se inscribe en una estrategia más amplia, cuyo objetivo declarado por Israel es "aplastar y eliminar" a Hamás. No obstante, voces críticas argumentan que Hamás, con el 44% de los votos en las últimas elecciones legislativas palestinas, es una fuerza política de masas que no puede ser erradicada militarmente, y que la política de "Hamás debe desaparecer" está destinada al fracaso, sembrando un caos interminable. Las declaraciones de figuras como el Mayor General (ret.) Giora Eiland, asesor del ministro de defensa israelí, son reveladoras: Israel, afirmó, trabaja para "crear condiciones en las que la vida en Gaza se vuelva insostenible". Robert Pape, un eminente académico en el estudio del poder aéreo coercitivo, ha calificado la campaña como "una de las campañas de castigo civil más intensas de la historia". Estas acciones y declaraciones sugieren una intencionalidad detrás de la destrucción de la infraestructura civil, incluida la energética, que trasciende los objetivos militares directos, impactando la vida de más de dos millones de personas atrapadas en la Franja.
Gaza en el Desierto de la Noche: El Legado de un Asedio Energético
En este contexto desolador, la lucha por la electricidad en Gaza es un microcosmos de una crisis humanitaria y política de proporciones épicas. La experiencia de Abdel Karim y su familia es un testimonio desgarrador de cómo las decisiones geopolíticas y militares se traducen en una privación fundamental de las necesidades básicas, dejando a una población entera "abandonada en el desierto" de la oscuridad y la desesperación, sin soluciones a la vista.