El año 2026 se alza como un precipicio global. Conflictos armados entre estados, el segundo riesgo más probable, redefinen un mundo bajo la sombra de Trump y la agresión en Oriente Medio. El 'Informe de Riesgos Globales 2026' (GR2026), elaborado para las reuniones del Foro de Davos, no deja lugar a dudas: la fragilidad estatal, la inestabilidad geopolítica y las crisis humanitarias son la nueva normalidad. Este sombrío panorama se ve exacerbado por una presidencia de Donald Trump en Estados Unidos que, junto a los intereses imperialistas del gobierno israelí, está reescribiendo las reglas del juego, especialmente en los mercados energéticos y de materias primas.
La Tormenta Perfecta en el Estrecho de Ormuz
El epicentro de esta inestabilidad se localiza en Oriente Medio, donde una 'agresión militarista' contra Irán, orquestada por Israel y Estados Unidos, ha desatado una crisis de proporciones globales. La obsesión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por aniquilar la República Islámica, le otorga un incentivo perverso para sumarse a este ataque. Esta 'agresión ilegal', según los análisis de 2026, ha provocado el cierre de la producción y el envío de petróleo y gas en países clave de la región, así como el bloqueo virtual del estratégico estrecho de Ormuz. Las repercusiones económicas son inmediatas y devastadoras: un incremento sustancial en los precios del petróleo, gas, aluminio y azufre, que golpea con fuerza a la industria de semiconductores de Corea del Sur, la producción de níquel en Indonesia y la fabricación de fertilizantes en China. El eco de la estanflación de 1973 y el impacto de la invasión de Ucrania en 2022 resuenan con una intensidad alarmante.
El Eco de MAGA y el Crepúsculo Multilateral
La figura de Donald Trump emerge como un catalizador ineludible en este tablero global. Sus políticas 'Make America Great Again' (MAGA) y su férreo apoyo a las energías fósiles estadounidenses se entrelazan directamente con la escalada del conflicto en Oriente Medio, revelando una estrategia de dominación energética. La cumbre del G20 en Florida, en diciembre de 2026, con Trump como anfitrión, se perfila no como un foro de cooperación, sino como un escenario de 'humillación a adversarios' y 'grandes tensiones', donde los acuerdos relevantes serán una quimera. De forma análoga, el G7, bajo la égida de Francia, se enfrenta a la cruda realidad de su propia irrelevancia en un mundo donde Estados Unidos se halla 'enfrentado a medio mundo'. Esta 'erosión del multilateralismo' es palpable; organismos como la ONU, incapaces de frenar las guerras en Gaza o Ucrania, se muestran inermes ante la constante violación del derecho internacional.
De Budapest a Jerusalén: La Fragilidad de los Poderes Establecidos
Mientras el mundo se tambalea, las democracias, o lo que queda de ellas, también enfrentan sus propios sismos. En Europa, las elecciones húngaras de abril de 2026 son cruciales. El líder iliberal Viktor Orbán, un baluarte de la autocracia, se enfrenta a una seria amenaza en la figura de Péter Magyar, quien lidera una oposición unida. Un cambio de gobierno en Budapest podría desbloquear decisiones vitales en la Unión Europea, especialmente el apoyo a Ucrania, sistemáticamente obstaculizado por Orbán. Sin embargo, la percepción de que las elecciones húngaras carecen de equidad, sumada a la alianza de Orbán con Putin y Trump, hace que su salida del poder sea considerada 'muy improbable', un testimonio de la resiliencia de los populismos autoritarios. Paralelamente, Israel se prepara para sus propias elecciones antes de octubre de 2026. Benjamin Netanyahu, acorralado por encuestas desfavorables y la inminente sentencia de su juicio por corrupción, navega un mar de contradicciones: debe contentar a Trump con un plan de paz para Gaza sin desintegrar su coalición con aliados ultras. Su otrora gran baza diplomática, la normalización de relaciones con Arabia Saudí, se desvanece en el horizonte de 2026, dejando al primer ministro en una posición cada vez más precaria.
El Vacío en la Cúpula Global
En este complejo y volátil tablero, la retirada de Antonio Guterres como Secretario General de la ONU a finales de año añade una capa más de incertidumbre. La elección de su sucesor, más allá de la expectativa de que sea una mujer, estará marcada por la tensión entre las potencias globales, reflejo de un sistema internacional fracturado. El 2026 no es solo un año de conflictos, sino de la confirmación de un orden mundial en profunda transformación, donde la diplomacia cede terreno a la confrontación y la estabilidad es una quimera lejana.