La Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, ha advertido sobre la planificación de "más actos de sabotaje y ataques" por parte de Rusia contra Europa, con el objetivo de "dividir a nuestra sociedad e intimidarnos para que no ayudemos a Ucrania". Esta declaración, realizada antes de la reunión de ministros de Defensa en Bruselas, se sustenta en informes de inteligencia que, según informa El Mundo, confirman la creciente amenaza. La alerta de Kallas se suma a advertencias previas, como la de la CIA, que señalaba la capacidad del régimen de Vladimir Putin para atacar a países como España, Francia o Italia mediante barcos y drones.
La escalada de la amenaza rusa se ha hecho patente en las últimas semanas, respaldada tanto por informes de inteligencia estadounidenses y europeos como por acontecimientos recientes. Un ejemplo de ello fue el intento de ataque con drones sobre el aeropuerto de Leipzig, del que las autoridades alemanas responsabilizaron a Rusia. En este contexto, el ministro de Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, solicitó a su homólogo ruso, Serguei Lavrov, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, que Rusia abandonara la "peligrosa escalada" contra Europa. Lavrov, sin embargo, respondió con un ataque retórico a Berlín, cuestionando si Alemania había aprendido las lecciones de la Segunda Guerra Mundial al buscar ser una potencia militar líder. Kallas interpretó esta postura como una clara señal de que "Rusia realmente no está interesada por la paz en absoluto".
Ante este panorama, Kallas presentó a las capitales europeas un "Protocolo de Emergencia" diseñado para hacer frente a las amenazas y ataques híbridos de Rusia. Esta iniciativa, previamente introducida por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, busca establecer un marco de coordinación para responder a los ataques en la "zona gris", complementando mecanismos existentes como el Artículo 5 del Tratado de Washington de la OTAN y el Artículo 42.7 de los Tratados de la Unión. El objetivo es proporcionar a la UE una "respuesta más firme" ante estas agresiones. No obstante, en Bruselas persisten dudas sobre la articulación práctica de esta medida y su potencial solapamiento con herramientas ya en vigor.