En medio de la escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, China ha emergido como una potencia que busca redefinir su papel global, posicionándose como una alternativa pragmática y responsable frente a la intervención occidental. Beijing ha capitalizado sus sólidas relaciones económicas con todas las partes involucradas –EE. UU., Israel, Irán y los países del Golfo– para salvaguardar sus intereses mientras se prepara estratégicamente para el escenario post-conflicto. La reciente llamada del presidente chino Xi Jinping al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (MBS), donde abogó por la reapertura del Estrecho de Ormuz y la resolución diplomática de disputas, subraya esta postura de "no injerencia" y búsqueda de estabilidad, según informa How China is gaining from Iran war by showing it is different from US.
La Red de Interdependencia: El Poder del Yuan
La influencia china en la región se cimienta en sus profundos lazos económicos. China es el mayor socio comercial de Irán, adquiriendo hasta el 90 por ciento de su petróleo, y en 2021 selló un "acuerdo de asociación estratégica integral" de 25 años con Teherán. Paralelamente, Beijing ha cultivado estrechas relaciones con naciones del Golfo como Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, y sigue siendo un socio comercial clave tanto para Estados Unidos como para Israel. Esta red de interdependencia económica permite a China mantener una posición de "amigo de todos", incluso cuando estas naciones son adversarias entre sí. La política de "no injerencia" de China, a diferencia del enfoque estratégico de EE. UU. en Oriente Medio que a menudo incluye esfuerzos de cambio de régimen, ha sido fundamental para su credibilidad, incluso al vetar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para reabrir el Estrecho de Ormuz.
El Estrecho de Ormuz: Un Barómetro de la Estabilidad China
Los intereses primordiales de Beijing en la región son económicos y energéticos. Con más del 40 por ciento de sus importaciones de crudo procedentes de Oriente Medio, la paz y la estabilidad son cruciales para la seguridad energética y económica de China. Una escalada del conflicto, según analistas, amenazaría estos intereses hasta el punto de forzar una posible implicación directa, lo que Beijing busca evitar a toda costa para no descarrilar su delicado equilibrio entre Irán y los estados del Golfo. La prioridad no es quién gane el conflicto, sino restaurar un entorno pacífico, especialmente en torno al Estrecho de Ormuz, que ha estado paralizado durante siete semanas desde el 28 de febrero, con el cierre iraní y el bloqueo estadounidense del 13 de abril.
Diplomacia Discreta, Influencia Creciente
China ha desplegado una intensa actividad diplomática para fomentar una resolución pacífica. El principal diplomático chino, Wang Yi, realizó 26 llamadas telefónicas entre el 28 de febrero y el alto el fuego entre EE. UU. e Irán el 8 de abril, mientras que el enviado especial para Oriente Medio, Zhai Jun, mantuvo casi dos docenas de reuniones con actores clave. El propio presidente Xi se reunió con el príncipe heredero de Abu Dabi, Sheikh Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, antes de su llamada con MBS. Sin embargo, a diferencia de su papel protagónico en la normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Irán en 2023, Beijing ha minimizado su participación en el reciente alto el fuego. Observadores sugieren que China busca ser un "pacificador sin suscribir el proceso de paz", evitando enredarse en un acuerdo complejo en una región que, si bien importante, no justifica un gasto excesivo de capital político.
Esta estrategia de bajo perfil, pero de alta influencia, permite a China cosechar beneficios al presentarse como un actor global que promueve la estabilidad y el derecho internacional, en contraste con la percepción de que Estados Unidos "desmanteló el sistema de gobernanza internacional". Al permitir que Washington "lidie con el desorden", China se posiciona para el futuro, fortaleciendo su imagen como una superpotencia más responsable y pragmática, capaz de mantener relaciones con todos los bandos y de priorizar la cooperación económica sobre la confrontación militar. Sus esfuerzos, aunque discretos, no pasarán desapercibidos en la arena global, consolidando su influencia a largo plazo en una región vital.