La diosa Justicia, con su venda y balanza, observa hoy cómo los pilares del Estado de Derecho globalmente se resquebrajan, amenazando la esencia misma de la civilización democrática. Este sistema de principios y normas, concebido para inspirar justicia y orden bajo la coacción del poder público, se encuentra bajo una tensión sin precedentes, documentada desde los 'self-coups' de 1945 hasta los informes más recientes de instituciones supranacionales.
La Sutil Carcoma de la Norma
En el corazón de democracias consolidadas, la erosión se manifiesta de forma insidiosa: la degradación de la calidad normativa. Informes como el de la Fundación Hay Derecho en España para 2024, o la evaluación de la Comisión Europea en su 'Informe sobre el Estado de Derecho en la Unión Europea – Edición 2025', alertan sobre un 'deterioro legislativo' que mina la 'seguridad jurídica'. Expertos como Aragón señalan la proliferación de 'leyes de escasa calidad', socavando la previsibilidad y la confianza en el marco legal. La Agencia Española de Protección de Datos, a través de su presidente Lorenzo Cotino, no solo busca señalar las deficiencias, sino guiar hacia 'cómo hacer las cosas bien', una admisión tácita de la fragilidad de los procesos que deberían blindar la legalidad.
Cuando la Espada Quiebra la Balanza
Pero la tensión puede escalar a la ruptura abrupta. El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Argentina es un eco sombrío de esta posibilidad, una 'ruptura jurídica absoluta' que no surgió de la nada. Fue la culminación de un proceso de violencia política y deterioro institucional que incluyó la 'masacre de Ezeiza' en 1973, la acción de grupos armados como Montoneros y el ERP, y la operación de la parapolicial Triple A con 'cobertura estatal'. Isabel Perón, la primera mujer en el mundo en alcanzar la presidencia por elección popular, fue derrocada por la fuerza, desatando una 'demolición deliberada de la arquitectura democrática' y un 'terrorismo de Estado', como documentó el informe 'Nunca Más' de la CONADEP en 1984. Este episodio es un recordatorio brutal de cómo la connivencia institucional y la violencia pueden desmantelar la legalidad en un abrir y cerrar de ojos.
La Retórica del Orden y el Precipicio de la Ley
Históricamente, la justificación de tales desviaciones ha residido en la retórica del orden. Líderes como Joaquín Balaguer, en un discurso ante la ONU, criticaron a las 'corrientes oposicionistas' por 'traspasar las fronteras de la ley' y 'desconocer los poderes legítimos del Estado', argumentando la necesidad de 'contrarrestar esas dos influencias opuestas'. Esta narrativa, que busca legitimar la represión de la disidencia bajo el pretexto de defender el 'régimen de derecho', ilustra la delgada línea que separa la defensa legítima del orden de la instrumentalización de la ley para consolidar el poder, un camino que a menudo conduce al precipicio de las garantías democráticas.
El Centinela Ineludible de la Democracia
En síntesis, el Estado de Derecho se enfrenta a un asedio global, multifacético y persistente. Desde la imperceptible erosión de la calidad legislativa en las cámaras parlamentarias hasta la violenta supresión de la disidencia en las calles, los desafíos son complejos y exigen una vigilancia inquebrantable. La defensa de la seguridad jurídica, la promoción de procesos legislativos robustos y la salvaguarda de la legitimidad democrática no son meros ideales abstractos, sino imperativos existenciales para preservar la justicia y el orden que definen una sociedad verdaderamente libre.