África, un continente sediento de energía y comprometido con la reducción de emisiones, se lanza a la carrera nuclear. Sin embargo, esta búsqueda está plagada de obstáculos colosales. La promesa de una era atómica se cierne sobre un panorama donde solo una central, Koeberg en Sudáfrica, opera actualmente.
La Larga Sombra de Koeberg y el Amanecer Egipcio
Sudáfrica, pionera nuclear del continente, ha extendido en 2025 la vida útil de sus dos reactores en Koeberg por dos décadas más. Estos gigantes, que desde mediados de los 80 (con apoyo francés) aportan el 4% de la electricidad nacional, son ahora objeto de escrutinio. Ambientalistas como Francesca de Gasparis del SAFCEI cuestionan la seguridad y el mantenimiento de Eskom, la empresa estatal, evocando las lecciones no aprendidas de Fukushima. Mientras tanto, los planes de una instalación aún mayor en Duynefontein, cerca de Koeberg, se ven empañados por acusaciones de opacidad y datos obsoletos. En contraste, Egipto emerge como el aspirante más sólido, con Rosatom de Rusia iniciando la construcción de la planta de El Dabaa en 2022, un proyecto que parece avanzar con una determinación inquebrantable.
Acuerdos Políticos y Aspiraciones Frágiles
Más allá del Nilo, el panorama se torna difuso. Naciones del Sahel como Níger, Mali y Burkina Faso han rubricado acuerdos con Rosatom, pero el periodista sudafricano Tristen Taylor, en su informe de 2025 para la Fundación Heinrich Böll, los califica de 'irrealistas'. Sugiere que estos pactos son más un gesto político de respaldo ruso que un compromiso con proyectos nucleares viables. Otros países, sin embargo, persisten en su visión. Ghana corteja a múltiples proveedores globales para una posible construcción en 2027, explorando la promesa de los Pequeños Reactores Modulares (SMRs), que prometen mayor simplicidad y menor riesgo. Kenia, por su parte, anunció a principios de 2025 planes para una planta de 2.000 MW en Siaya para 2034, cerca del lago Victoria. No obstante, este ambicioso proyecto ya enfrenta la disolución de su autoridad nuclear nacional (NuPEA) y la férrea oposición de ambientalistas como Phyllis Omido, galardonada con el Right Livelihood Award 2023, quien alerta sobre el impacto en las comunidades pesqueras y la seguridad del transporte de combustible.
El Muro de los Obstáculos: Costo, Tiempo y Capacidad
La expansión nuclear en África se topa con un muro de obstáculos casi insalvable. El costo por kilovatio-hora de la energía nuclear convencional es prohibitivo, superando con creces la asequibilidad de las renovables (eólica, solar, hidroeléctrica). Aunque los SMRs podrían mitigar esta brecha mediante la producción en masa, por ahora no son más que prototipos. La complejidad de la financiación, los plazos de construcción que se extienden por décadas, la necesidad de infraestructuras robustas y la capacitación de personal especializado, sumadas a las rigurosas exigencias de seguridad de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), configuran un laberinto. Para muchas naciones africanas, la materialización de estos 'grandes sueños' no es solo ardua, sino, en la mayoría de los casos, una fantasía 'irrealista'.