La agricultura europea pende de un hilo. La guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz amenazan con una escalada de precios de insumos agrícolas sin precedentes, superando incluso la crisis de 2022. Este escenario no es una causa, sino un "espejo" que refleja la fragilidad inherente de un sistema agroalimentario global anclado en combustibles fósiles y cadenas de suministro extensas, como bien advierte David González Sánchez. Europa, y España en particular, se encuentran en la primera línea de esta vulnerabilidad, enfrentando no solo la inflación, sino el espectro de la escasez de alimentos.
El Talón de Aquiles de la Abundancia Convencional
Durante décadas, la agricultura convencional ha prosperado bajo la ilusión de la abundancia barata, cimentada en una dependencia casi total de insumos externos. Gasóleo para la maquinaria, fertilizantes químicos para la tierra, y una logística global para la distribución: cada eslabón de esta cadena es un punto de estrangulamiento ante shocks geopolíticos. La invasión rusa de Ucrania ya nos dio un preaviso; el conflicto en Irán y el bloqueo de Ormuz son la confirmación de que este modelo ha agotado su margen de seguridad. La vulnerabilidad se extiende desde la semilla hasta la mesa, comprometiendo la capacidad del continente para alimentarse a sí mismo en un mundo cada vez más volátil.
El Renacer de la Tierra: La Promesa Regenerativa
Frente a esta precariedad, la agricultura regenerativa emerge no solo como una alternativa, sino como un imperativo estratégico. Agricultores como Ernest Mas, en Tarragona, demuestran desde hace más de quince años que es posible cultivar miles de kilos de hortalizas en 300 hectáreas con una dependencia mínima de gasóleo y nula de fertilizantes industriales. Este modelo, basado en la estimulación de la fertilidad y biodiversidad del suelo, sin químicos de síntesis, reduce la erosión, retiene el agua pluvial y, crucialmente, construye resiliencia. Los datos científicos son contundentes: el estudio Regenera.cat en Cataluña revela rendimientos y costes similares a los de la agricultura convencional, pero con un 35% más de carbono en el suelo y un 9% más de retención de agua. En el olivar, el IAS-CSIC documenta un aumento del 75% en materia orgánica y un ingreso neto de 1.340 euros por hectárea, frente a los 467 euros del modelo convencional. La ciencia y la práctica convergen: la regeneración es rentable y esencial.
El Agua, Eje de la Supervivencia Agrícola
La gestión hídrica, en paralelo a la transformación de los modelos de cultivo, se erige como un pilar innegociable. En regiones como el sur de España, donde la sequía ya causa más del 50% de las pérdidas agrícolas, la garantía de trasvases es, como subraya Manuel Pineda, subdelegado del Gobierno en Alicante, "impensable" de ignorar. Sin embargo, la agricultura regenerativa no solo demanda una política hídrica robusta, sino que la complementa intrínsecamente. Al mejorar la estructura del suelo y su capacidad de retención, estas prácticas se convierten en un aliado fundamental para mitigar los efectos de la escasez hídrica, haciendo que cada gota cuente más y mejor.
Hacia una Soberanía Alimentaria Resiliente y Justa
La transformación del sistema agroalimentario europeo trasciende lo técnico; es un proyecto político, cultural y comunitario de envergadura. Las más de 30 iniciativas ganaderas documentadas por Ecologistas en Acción en España, desde Pajaretillo en Cádiz hasta Casa da Fonte en Lugo, demuestran la viabilidad de producir proteína animal de forma sostenible, restaurando suelos y fomentando la biodiversidad. Europa tiene ante sí el desafío y la oportunidad de catalizar esta transición. Invertir en investigación, formación y políticas que faciliten la adopción de modelos regenerativos no es solo una cuestión de sostenibilidad ambiental, sino de seguridad nacional. Es la única vía para asegurar un futuro alimentario resiliente, justo y ecológicamente respetuoso en un mundo que ya no permite la complacencia.