La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos ha retirado el controvertido estudio liderado por el eminente químico español Mariano Barbacid, junto a sus colegas Carmen Guerra y Vasiliki Liaki, que anunciaba un prometedor tratamiento experimental contra el cáncer de páncreas en ratones. La decisión, hecha pública el 28 de abril de 2026, se fundamenta en la omisión de un "conflicto de intereses relevante no declarado en el momento de la presentación" del artículo a la revista *PNAS* (Proceedings of the National Academy of Sciences), según informa El País. Barbacid, Guerra y Liaki son copropietarios de Vega Oncotargets, una empresa fundada con el propósito de desarrollar y explotar comercialmente nuevas terapias contra el cáncer de páncreas, un vínculo que no fue revelado a los editores de la prestigiosa publicación. Este incidente subraya la importancia crítica de la transparencia en la investigación científica, particularmente cuando los potenciales beneficios económicos se entrelazan con los resultados de la investigación.
El camino del estudio hacia la publicación fue notable. Tras ser previamente rechazado por la revista *Nature*, fue finalmente publicado el 2 de diciembre de 2025 en *PNAS*. La particularidad de esta publicación residía en que Barbacid, como miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU., tenía derecho a utilizar una "vía rápida" de envío, conocida como 'Contributed Submission', que implica una revisión menos rigurosa en comparación con las presentaciones estándar. Los responsables de *PNAS* iniciaron el análisis del caso en febrero de 2026, culminando en la tajante decisión de retractación. Carmen Guerra, una de las coautoras, ha reconocido el error, admitiendo que "metieron la pata" al no declarar la vinculación empresarial, y ha informado que el estudio ha sido reenviado a la misma revista, esta vez con la declaración de intereses correspondiente.
El entramado empresarial detrás del hallazgo
Vega Oncotargets, la empresa en el centro de esta controversia, fue cofundada en 2024 por Barbacid y Guerra. Los tres científicos implicados en el estudio —Barbacid, Guerra y Liaki— poseen conjuntamente un 25% de la compañía. La intrincada estructura accionarial de la empresa incluye también a 3-Gutinver (25%), la sociedad de inversiones Sodical de la Junta de Castilla y León (25%), la fundación CRIS contra el cáncer (5.2%), el propio Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) con un 5%, y la Fundación Hermanos Álvarez Quirós (7.5%). Es notable que Mariano Barbacid y José Ignacio Fernández Vera, este último fulminado de su puesto directivo en el CNIO por su presunta implicación en una trama de corrupción de 30 millones de euros, son patronos de la Fundación Hermanos Álvarez Quirós. Además, la compañía llegó a proclamar en su sitio web, de forma prematura y alejada de la realidad preclínica, haber logrado la "primera terapia efectiva contra el cáncer de páncreas".
La resonancia mediática y el eco de la ética
A pesar de tratarse de un descubrimiento preclínico en ratones, la noticia del estudio de Barbacid generó una ola de expectación mediática. Una multitudinaria rueda de prensa organizada el 27 de enero de 2026 en colaboración con la fundación CRIS contra el cáncer, impulsó los hallazgos a la esfera pública. Medios de comunicación internacionales y programas de televisión, como *The Times of India* y *El Hormiguero*, contribuyeron a una difusión a menudo distorsionada. Titulares como "Un científico español descubre la cura del cáncer de páncreas" o "La cura contra el cáncer de páncreas. ¡Descubrimiento histórico!" amplificaron los hallazgos experimentales como avances definitivos. Esta cobertura sensacionalista, sumada a la falta de transparencia sobre los intereses comerciales, ha puesto en entredicho la ética científica y la responsabilidad en la comunicación de la investigación, especialmente cuando las expectativas de salud pública están en juego. La política editorial de *PNAS* es clara al respecto: los miembros de la Academia con conflictos de intereses significativos deben presentar sus trabajos como 'Direct Submission', no como 'Contributed Submission', subrayando la gravedad del conflicto no declarado.
La retractación no solo afecta la reputación de los científicos implicados, sino que también plantea interrogantes pertinentes sobre los marcos éticos que rigen el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, una entidad pública dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Este incidente reaviva el debate sobre la integridad en la ciencia española, un campo ya marcado por escándalos de corrupción en instituciones como el CNIO. El episodio sirve como recordatorio del papel indispensable de la transparencia y la conducta ética rigurosa para mantener la confianza pública en los esfuerzos científicos y asegurar la credibilidad de los resultados de la investigación.