El reciente teletipo de la CEPAL, 'Hacia la sociología de los futuros', ha vuelto a poner sobre la mesa una de las paradojas más persistentes y reveladoras de la academia contemporánea: la ausencia de una disciplina formalmente reconocida como 'sociología del futuro'. A pesar de que el visionario Alvin Toffler acuñó el término hace ya un tiempo, y de la proliferación de sociologías especializadas –latinoamericana, histórica, del trabajo, rural, de la población, de las masas, de la vida cotidiana–, ninguna se dedica explícitamente al análisis sociológico prospectivo del mañana. Este vacío, sin embargo, no implica una falta de interés o de práctica, sino más bien una disolución de su esencia en el torrente de otras investigaciones que, sin el rótulo explícito, cumplen su función vital.
El Crisol de la Globalización y Sus Ecos
La observación de la CEPAL se enmarca en un contexto de transformaciones sociales vertiginosas. Las últimas décadas han sido testigos del crecimiento exponencial de la sociedad civil a través de las Organizaciones no Gubernamentales (ONG), el impacto disruptivo de las telecomunicaciones, ejemplificado por Internet, y la omnipresente difusión de la cultura y los estilos de vida de las sociedades consumistas. La década de los noventa, en particular, fue un epicentro intelectual: una “avalancha de libros, autores y corrientes teóricas” se dedicó a definir y caracterizar el “fenómeno” y el “concepto” de globalización. Desde la economía hasta la antropología, este debate generó posturas escépticas, a favor y en contra, incluyendo a los “alegre-pensadores” o neoliberales, que vislumbraban en ella un camino ineludible hacia el progreso. Este torbellino de análisis, aunque no se autodenominara 'sociología del futuro', ya estaba, de facto, desentrañando las dinámicas que moldearían el porvenir.
Cuando el Presente Desvela el Mañana
Desde la redacción de Punto Fijo, en nuestra noticia previa 'La Sociología del Mañana: Cuando el Futuro se Escribe en el Presente', hemos argumentado que la ausencia de la etiqueta formal no implica la inoperancia de la función. La sociología del futuro, en su esencia, se manifiesta a través de investigaciones que abordan las crisis de representación, la posverdad y el surgimiento de nuevos autoritarismos, tal como se exploró en el número 298 de la revista *Nueva Sociedad*, 'Los desafíos de la democracia'. Estas reflexiones, aunque se inscriban bajo otras denominaciones, constituyen un profundo examen de las sociedades venideras y sus desafíos inherentes, anticipando las fracturas y reconfiguraciones del tejido social.
La Urgencia de lo Incierto: Voces desde la Periferia
La imperiosa necesidad de este tipo de análisis prospectivo es reforzada por reportajes externos que claman por una comprensión del mañana. La revista *UCAB* advierte sobre un “futuro colmado de incertidumbre” debido al “riesgo inherente al cambio climático”, subrayando el papel crucial de los gobiernos locales de calidad para afrontar estos desafíos. Esta preocupación por la resiliencia y la adaptación es, en esencia, el objeto de estudio de una sociología del futuro. Del mismo modo, la discusión sobre la concepción de la empresa y su impacto en el desarrollo sostenible (ResearchGate) o las dimensiones sociológicas del proceso de codificación en el censo (UMSA) demuestran cómo diversas ramas de la sociología ya están desentrañando los mecanismos que configuran las estructuras y dinámicas sociales que definirán el mañana, incluso sin el rótulo explícito que Alvin Toffler vislumbró.
En definitiva, la observación de la CEPAL sobre la falta de una 'sociología del futuro' formal es precisa en términos de nomenclatura académica. Sin embargo, un análisis más profundo revela que la necesidad de comprender y anticipar las trayectorias sociales del mañana es tan apremiante como siempre. Diversas corrientes sociológicas, desde el estudio de la globalización y el consumo hasta el análisis de la gobernanza local frente al cambio climático, están, en esencia, construyendo los cimientos de esa sociología del futuro, aunque sin el rótulo explícito que Alvin Toffler vislumbró. La disciplina, aunque invisible en los catálogos, es omnipresente en la práctica, tejiendo la compleja red de nuestro porvenir.