La promesa de los 'bebés de diseño', una visión que ha oscilado entre la utopía médica y la distopía ética, ha sufrido un revés contundente con el colapso de dos de sus empresas más ambiciosas. Manhattan Genomics, con sede en Nueva York, y Bootstrap Bio, de California, lanzadas apenas el año pasado con la audacia de reescribir el código genético humano, han cesado sus operaciones. Este fracaso no es un mero tropiezo empresarial; es un eco de la controversia que rodea a la edición de la línea germinal, una tecnología que, de materializarse, alteraría el genoma humano para las generaciones futuras, y un recordatorio de los límites que la ciencia, la ética y el mercado imponen a la ambición desmedida.
Bootstrap Bio, que había generado un interés inicial significativo de inversores e incluso llevó a su CEO, Chase Denecke, a Honduras en 2024 para reuniones estratégicas, anunció el cese de sus operaciones a finales de 2025, según informó inicialmente Mother Jones. Denecke atribuyó el cierre a la falta de financiación, a pesar de lo que describió como 'resultados prometedores en el laboratorio'. Sin embargo, la empresa se vio envuelta en un escándalo aún más oscuro cuando su ex director científico, Qichen Yuan, fue arrestado en agosto de 2025 y acusado de intento de tráfico sexual de menores. Aunque Denecke afirmó desconocer los cargos hasta después del cese de operaciones activas, la sombra de este incidente añade una capa de ignominia a la ya delicada reputación de la compañía, evidenciando que los riesgos no solo son científicos.
La fragilidad de la ambición genética
Por su parte, Manhattan Genomics, también conocida como Manhattan Project, experimentó un cierre abrupto poco después de anunciar un equipo de asesores científicos de alto perfil en octubre de 2025. La cofundadora Cathy Tie anunció el cierre en marzo de 2026, atribuyéndolo a un 'conflicto entre cofundadores'. Eriona Hysolli, la otra cofundadora, ofreció una explicación más detallada, señalando 'desacuerdos fundamentales derivados de la coexistencia de una entidad con sede en las Islas Caimán con el mismo nombre y una gobernanza separada por parte de mi cofundadora', lo que, según ella, 'confundía la misión abierta y transparente de Manhattan Genomics'. Este episodio subraya cómo las complejidades corporativas y los conflictos internos pueden ser tan letales para una startup biotecnológica como los desafíos científicos o la escasez de capital.
El laberinto ético y la sombra de la ilegalidad
La edición de la línea germinal, que busca modificar el ADN en embriones humanos para prevenir enfermedades graves, es una de las áreas más controvertidas de la biotecnología. A diferencia de las terapias génicas que solo afectan al individuo tratado, cualquier cambio realizado en el nivel embrionario se transmitiría a las generaciones futuras, con implicaciones desconocidas y potencialmente irreversibles. La seguridad y eficacia de esta tecnología no están probadas, y existe una preocupación generalizada sobre los posibles 'errores fuera del objetivo' y el riesgo de que, una vez permitida para enfermedades, se deslice hacia usos de 'mejora' estética o intelectual, dando lugar a los temidos 'bebés de diseño'. Actualmente, iniciar un embarazo con un embrión editado está prohibido en Estados Unidos y en muchos otros países, una barrera regulatoria que estas empresas intentaron, sin éxito, sortear o ignorar.
El precedente más infame de la edición de embriones humanos es el experimento de 2018 del científico chino He Jiankui, quien creó a los primeros tres niños genéticamente modificados. La revelación de su trabajo conmocionó a la comunidad científica internacional y le valió una condena de tres años de prisión por prácticas médicas ilegales. A pesar de este antecedente y las prohibiciones existentes, la perspectiva de los bebés genéticamente modificados ha sido revivida recientemente por emprendedores biotecnológicos y futuristas. Sin embargo, el rápido colapso de Manhattan Genomics y Bootstrap Bio demuestra que el camino hacia un negocio viable y éticamente aceptable en este campo está plagado de obstáculos significativos, tanto financieros como morales y regulatorios, que ni la más audaz de las visiones de Silicon Valley ha logrado aún superar.