La Unión Europea se enfrenta a su prueba de fuego geopolítica: Ucrania y Palestina, dos conflictos existenciales que exigen una respuesta unificada y audaz para definir su futuro global. Así lo sentenció Josep Borrell, Alto Representante de la UE, el 13 de febrero de 2024, al subrayar que, aunque Bruselas no participe directamente, las repercusiones son profundas y demandan una demostración inequívoca de la ambición de ser una “Comisión geopolítica”. La historia, implacable, ha puesto a prueba la coherencia y la determinación del bloque en un escenario de abismo.
El Frente Oriental: La Resistencia de Kiev y la Fatiga Europea
En el este, la guerra en Ucrania, que ya había cobrado 14.000 vidas en el Dombás antes de la invasión a gran escala, representa una amenaza directa e innegable a la seguridad y estabilidad del continente. La respuesta de la UE ha sido significativa, culminando en el Consejo Europeo de diciembre de 2023 con el acuerdo para iniciar conversaciones de adhesión, un gesto que reafirma el compromiso con la soberanía e integridad territorial ucraniana. Sin embargo, la persistencia del conflicto y la “fatiga de algunos” estados miembros plantean un desafío constante para mantener la unidad y la determinación en el apoyo a Kiev. La aspiración de una Europa fuerte y unida se mide en la capacidad de sostener este frente, a pesar de las tensiones internas y el coste económico y político.
El Abismo Meridional: Un Siglo de Violencia y la Nueva Nakba
Paralelamente, la situación en Palestina se erige como un conflicto de larga data, marcado por un siglo de violencia incesante y una “renuncia a solucionar” por parte de la comunidad internacional, incluida la propia Europa. La respuesta militar israelí a la operación del 7 de octubre de 2023 ha desatado una crisis humanitaria de proporciones catastróficas en Gaza. Expertos como Isaías Barreñada y la relatora especial de Naciones Unidas, Francesca Albanese, han calificado la situación como un “momento genocida” y una “nueva Nakba”, evocando la catástrofe palestina de 1948. El informe de Albanese, “Anatomía de un genocidio” (marzo de 2024), destaca un proceso de “borrado colonial de larga data” que busca asfixiar al pueblo palestino, poniendo en entredicho los cimientos morales de la política exterior europea.
La Doctrina Dahiya y la Deriva del Relato
La brutalidad de la respuesta israelí en Gaza es descrita como una “guerra total, brutalmente asimétrica, sin normas”, aplicando la “doctrina Dahiya” de fuerza desproporcionada contra objetivos civiles para infundir terror. Barreñada argumenta que esta “guerra colonial” ha puesto en evidencia la “deriva fatal e irreversible” del proyecto sionista, revelando una “ilegitimidad de origen (colonial) y su ilegitimidad de ejercicio” tras 76 años de independencia. A pesar de su abrumadora superioridad militar, Israel ha perdido la “guerra política, la del relato y la de su imagen”, mientras que la “prolongada complicidad de numerosos países, en particular de Occidente”, ha permitido que la situación llegara a este punto crítico, exigiendo una profunda reflexión sobre las responsabilidades históricas y presentes.
La Encrucijada Geopolítica de Bruselas
Ante este panorama dual, la UE se ve obligada a confrontar la necesidad de actuar con coherencia y determinaci��n. La aspiración de ser una “Comisión geopolítica” exige no solo responder a las crisis, sino también abordar las raíces de los conflictos y las responsabilidades históricas. La capacidad de la UE para encontrar mecanismos que permitan avanzar, a pesar de las divisiones internas y la fatiga, será crucial para definir su papel en el orden mundial emergente y para demostrar su compromiso con los valores de paz y derechos humanos que dice representar. La mesa redonda de mayo de 2024, “Ucrania y Palestina ¿Retos ineludibles para la Unión Europea?”, subraya la urgencia de un debate que ya no puede posponerse; el futuro de Europa como actor global depende de ello.